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sábado, enero 26, 2008

¿Qué motiva a las iglesias a usar la tecnología?


Los perros viejos pueden aprender trucos nuevos, pero algunas veces es por necesidad y no porque quieran.

Me fascina la tecnología. Algunas veces me abruma. El uso de Blackberry ha sido maravilloso. Sinceramente, los viajes sin el beneficio de la tecnología, sería muy difícil mantenerse al día con todas las cosas. Sin embargo, llegar a ser competente con el sistema de comunicación Blackberry y ser competente, son dos cosas diferentes. No diría que este proceso de aprendizaje me gustara.

Pero durante los últimos diez años han surgido otros procesos para aprender la tecnología que no son más divertidos. Hace diez años casi ninguno de nosotros tenía correo electrónico. Las personas se comunicaban mediante el correo postal, por teléfono o cara a cara. Usted tenía alta tecnología si tenía una máquina de fax. Ocasionalmente podía ver una escena de una película o un comercial de hace 15 ó 20 años y los teléfonos celulares parecían ser aquellos walkie-talkie del ejército tal y como se ven en las antiguas películas de guerra. Ahora, nuestros teléfonos son más pequeños que mi mano, envían y reciben fotografías y todo esto mientras quizás usted está hablando con alguien en el otro lado del mundo.

Nos maravillamos de nuestra habilidad tecnológica, pero mientras tanto debemos ser cautelosos. En su libro, Serious Times [Tiempos serios], James Emery White presenta un tema interesante sobre la tecnología. Él dice que dentro de la palabra «tecnología» se encuentra una filosofía imperante, la cual viene de dos palabras griegas: technite que significa artesano, o el que da forma o moldea algo, y logos una referencia a la razón divina. White cree que el hombre moderno ha unido estas dos palabras, algo que los antiguos nunca hubieran hecho para expresar la idea de que los humanos pueden moldear el mismo orden del mundo.

Este es un pensamiento peligroso. La tecnología se ha ubicado en nuestra psique de manera tal que ha creado dependencia en nosotros. No debemos permitir que se convierta en nuestro dios. Pero podemos verla como una herramienta o medio para llevar las personas a Dios.

La tecnología tiene el potencial de alcanzar a millones con el evangelio de Jesucristo. Las posibilidades son interminables. Por ejemplo, el año pasado LifeWay usó la tecnología de la Internet para reunir a más de 50.000 mujeres de todo el mundo y tener un estudio bíblico con Beth Moore. He oído de muchas iglesias y ministerios que usan la tecnología para alcanzar a una generación que no se alcanzaría de otra manera.

Al mismo tiempo hay cientos de iglesias que no tienen los medios financieros para tener tal ministerio, como verifica la encuesta del artículo ¿Qué motiva a las iglesias a usar la tecnología? Estas iglesias pueden sentirse abrumadas con el oleaje de la tecnología. Recuerde, la esperanza está en el mensaje, no en la envoltura en que viene el mensaje. La tecnología es sencillamente una envoltura. Predicar la Palabra y presentar el evangelio en la «forma tradicional» es tan relevante hoy en día como fue hace 2.000 años cuando Jesús subió al monte y enseñó con autoridad.

El mensaje es sencillo y eterno a pesar de cómo se comunica, y son buenas noticias para este servidor.



d/r, James T. Draper Jr. (www.lifeway.com)

martes, enero 09, 2007

Una nueva era.

Estamos viviendo una nueva era; caracterida por los grandes avances tecnológicos que están dando origen a una nueva cultura, con nuevos contenidos ideológicos, con un nuevo lenguaje y con nuevos comportamientos psicológicos de las personas.

La cultura informática, íntimamente ligada al proceso de revolución tecno-científica genera profundos cambios en la vida de las personas. Emerge la “cibersociedad”, la sociedad de la información como actividad y como bien. La sociedad digital de la información es la era del aprendizaje, puesto que el ciudadano está en una permanente actitud de apertura a nuevos conocimientos, a nuevos esquemas de pensamiento, a nuevos modelos teóricos y científicos.

En esta era de la informática y de los grandes medios de comunicación, surge el fenómeno de la globalización, que viene a hacer más fluidas las relaciones económicas, políticas y sociales. Pero, una vez más, se comprueba que el progreso tecnológico es ambivalente y no siempre coincide con el progreso moral de los pueblos. Vivimos así una cultura que corre el peligro de hacer olvidar a las personas su trascendencia, de encerrarlas en el individualismo, en el anonimato y en la despersonalización. Una cultura sin alma, sin referencia a la verdad y a los valores morales. Una cultura en la que todo se vuelve relativo y la realidad se vuelve una realidad “virtual”, es decir, producto de los recursos tecnológicos y creada a base de sensaciones.Hay, sin embargo, dos premisas a favor de la Iglesia. La primera: la naturaleza humana es la misma desde los orígenes y no sufrirá ninguna mutación esencial a pesar de todo el progreso tecnológico. La Iglesia es “maestra en humanidad”. Así, aunque tampoco nunca podemos estar seguros de lo que somos capaces, ni en el orden del bien ni en el orden del mal, la salvación que Jesucristo nos ofrece nos garantiza la posibilidad de superar el mal. Esta es la segunda premisa: que Cristo ha vencido el poder del mal.

La Iglesia se debe preparar para enfrentar los riesgos de la modernidad. El impacto de los avances tecnológicos no debe significar una crisis para la fe. Por el contrario, la Iglesia se debe esforzar por entablar un diálogo con el mundo y con las nuevas culturas y hacerse presente con el anuncio del Evangelio en los nuevos areópagos.El reto para la Iglesia en el nuevo milenio es cómo lograr que las nuevas tecnologías sean usadas para el progreso y desarrollo de las personas, para la transmisión de los valores morales, para establecer relaciones interpersonales y crear comunidades reales, para anunciar a Jesucristo vivo y proponer la fe.